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Túnez conmemora bajo tensión los 10 años de la huida de Ben Alí

Túnez conmemora el jueves los 10 años de la huida del autócrata Zine el Abidine Ben Alí bajo la presión popular, un acontecimiento que puso en marcha un proceso democrático hoy debilitado por las dificultades para reformar la economía y ofrecer perspectivas sociales.

Los tunecinos ya conmemoraron en diciembre, sin entusiasmo, la inmolación del joven comerciante ambulante Mohamed Bouazizi, el 17 de diciembre de 2010 en el centro desfavorecido del país, que desencadenó la revolución.

La partida de Zine el Abidine Ben Alí el 14 de enero de 2011, después de 23 años de reinado, fue seguida por levantamientos en varios países de la región y la caída de otros autócratas. Sin embargo, Túnez es el único país que prosiguió con su democratización.

Las festividades se anuncian limitadas el jueves, ya que el estado de ánimo es malo ante la falta de mejoras sociales y la explosión del número de casos del nuevo coronavirus obstaculiza las reuniones.

Los tunecinos, principalmente los jóvenes, salieron a la calle en enero de 2011 para reclamar, entre otras cosas, trabajo. Actualmente, más de un tercio de ellos (35%) están oficialmente desempleados, al igual que más del 30% de los graduados de la enseñanza superior.

Después de años de acalorados debates, islamistas y opositores llegaron a un compromiso en 2014 sobre una Constitución, que fue saludada como un avance histórico y, desde entonces, el país celebró varias elecciones justas.

Diferentes tormentas se acumularon a lo largo de los años, como asesinatos políticos, oleadas de atentados yihadistas, inestabilidad y tensiones políticas casi permanentes, así como la muerte de un presidente en ejercicio en 2019.

Pero la transición se mantuvo firme y un premio Nobel de la Paz al “diálogo nacional” confirmó, a finales de 2015, los esfuerzos de compromiso.

La situación de seguridad también mejoró considerablemente en los últimos años. La presidencia de 2019 llevó al poder a un académico antisistema, Kais Saied.

– Sueño hecho realidad –

En materia de libertad de expresión, Túnez es una excepción en la orilla sur del Mediterráneo,  y está ampliamente arraigada en los medios de comunicación como en el arte.

Algunos blogueros censurados bajo Ben Alí animan hoy en día medios independientes. “Tener oficinas y un equipo de periodistas, que trabajan libremente sobre el terreno, era un sueño hace diez años y este sueño se hizo realidad”, subraya el opositor Sami Ben Gharbia, que regresó del exilio en 2011 y cuyo blog Nawaat se convirtió en un sitio de información de referencia.

La libertad de asociación dio lugar a una sociedad civil dinámica, que se movilizó ante los intentos de poner en tela de juicio los avances democráticos.

Pero la clase política, atrapada en luchas de poder, se mostró incapaz de actuar.

La urgencia social no dejó de acentuarse con las consecuencias profundas de la pandemia, incluida una recesión inédita.

En las últimas semanas se multiplicaron las manifestaciones en las regiones marginadas para exigir, una vez más, inversiones y empleos.

Y, diez años después, los manifestantes heridos en enfrentamientos con la policía y lisiados durante la revolución en 2011 siguen luchando para ser reconocidos oficialmente como víctimas y obtener indemnizaciones.

– Nostalgia –

El Estado contrató en masa –el personal de la función pública aumentó 50% entre 2010 y 2017– y aumentó los salarios, pero “no fue suficiente para satisfacer las enormes expectativas”, subraya el editorialista Zied Krichen, al mismo tiempo que critica la economía “parásita” mantenida por grandes grupos que se benefician de la reventa de productos importados.

Otros denuncian un “capitalismo de amiguismo”, mantenido por el Estado y los conglomerados familiares que se protegen de sus competidores mediante reglas de complacencia.

Estos grandes grupos y la administración tienen importantes participaciones en los bancos, dificultando el acceso a la financiación de los demás.

Ante la crisis, el presidente aceptó a finales de diciembre el principio de un nuevo “diálogo nacional” a iniciativa del poderoso sindicato UGTT (Unión General de Trabajadores Tunecinos), pero las divergencias siguen siendo importantes sobre sus modalidades.

Las dificultades sociales alimentan una nostalgia del antiguo régimen, que cultivaba la imagen de un éxito económico.

Para muchos tunecinos, la libertad aportada por la revolución “no alimenta a nadie”. Pero para Krichen, a pesar de una “situación muy difícil, un retorno a una dictadura sigue siendo poco probable”.

Fuente: AFP

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