Opinión

La demanda de carbón en Haití: insostenible para RD 2020

Por: Altagracia Paulino

La base energética de Haití es la misma que teníamos en la República Dominicana hasta el año 1966. La mayoría de la población cocinaba con carbón en la ciudad y con leña en el campo. Una visión política determinó que debía cambiarse para evitar que la isla se convirtiera en un desierto.

Desde entonces se asumió la política de abaratar las estufas y el combustible para que se cambiara de manera definitiva la cultura de la leña y el carbón, cosa que se logró en menos de 4 años. Ya en el 1970, una gran parte de los dominicanos cocinaba en estufas de gas.

Lo que hicimos de este lado de la isla es lo mismo que debemos impulsar que se haga en Haití como forma de frenar el proceso de destrucción de los bosques, para que los 20 millones de habitantes que conforman las dos naciones despejen las amenazas de quedar sin agua.

La demanda de carbón en Haití implica que cada año desaparezcan 35 mil tareas de bosques y, de continuar, muy pronto tendremos una desertificación de este lado donde perderíamos como ya ocurre en algunas zonas del sur, no solo parte del bosque seco, sino su biodiversidad.

Un estudio pagado por Medio Ambiente, a cargo del ingeniero Humberto Checo, indica que la producción actual de carbón implica la intervención de 33,728 tareas al año, para una producción de 445 mil 788 sacos de carbón, equivalente a 27,300 toneladas.

El estudio demostró lo que todos sospechamos, que una cadena muy efectiva de la producción de carbón en la que intervienen unos 200 productores logra transportar hacia Haití unos 37 mil sacos de carbón en un negocio que envuelve cerca de 90 millones de pesos al año.

De esa suma, el 50 por ciento pertenece a los productores primarios y el restante se reparte entre transportistas, intermediarios, propinas y soborno. La región de Enriquillo y la provincia de Bahoruco son las demarcaciones donde se concentra la mayor producción de carbón vegetal.

El carbón que se exporta es vendido a familias pobres en la cercanía de Puerto Príncipe al precio de 200 pesos el saco, según el informe.

Como vemos, se sabe dónde se hace el carbón, el negocio ilícito, el tráfico, el soborno, la corrupción y el daño al ecosistema, pero los actores de los mismos parecen invisibles.

La situación de Haití debe preocuparnos, y la comunidad internacional debe entender que el problema de los vecinos no se resolverá integrándolos, sino ayudando a que ellos eleven su calidad de vida, la cual sin agua no será posible; arrasando nuestros bosques la amenaza para la vida será una sombra permanente para ellos y para nosotros también.

Si cada donante regalara una estufa, y la cooperación implicara que el gas de cocinar llegara subsidiado, de tal manera que lo que cuesta un saco de carbón fuera el precio del gas, sería una fórmula para solucionar el problema. Tal vez no sea tan simple, pero hay que pensarla.

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