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Ivermectina, un antiparasitario contra COVID ¿qué sabemos hasta ahora?

Mientras el mundo sigue amenazado por la pandemia que ya va por su segunda y tercera ola de contagios, junto con la aparición de nuevas cepas del virus, encontrar un tratamiento eficaz contra el SARSCoV2 se vuelve  cada vez más urgente.

Ciertos hallazgos de potenciales remedios o curas son vistos como una realidad y comienzan a utilizarse aun cuando no cuentan con las autorizaciones correspondientes.

Es el caso de la ivermectina, un antiparasitario que se promueve como un tratamiento eficaz contra la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

Pero ¿es efectivo? ¿es seguro utilizarlo? ¿qué dicen los especialistas al respecto?

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La ivermectina es un medicamento antiparasitario muy usado en personas y animales. Cuenta con dosis definidas para conservar un patrón de tolerancia y seguridad para usos ya conocidos.

Por ejemplo, en humanos se utiliza en forma de comprimidos para tratar enfermedades provocadas por parásitos, como elefantiasis u oncocercosis, dos enfermedades debilitantes muy comunes entre las personas que viven en las regiones más pobres de África.

También es útil contra los gusanos redondos, entre ellos los áscaris, muy comunes en niños y adultos que viven bajo condiciones de mala higiene, y se puede usar en forma de crema contra la rosácea.

En el ámbito veterinario suele utilizarse por vía inyectable, y, en menor medida, por vía oral en equinos, bovinos, ovinos, caninos y felinos, para combatir nematodiasis, garrapatas y sarna, entre otros.

La ivermectina es considerada una de las medicinas más útiles que se hayan descubierto y muchas veces suele ser catalogada como un “fármaco revolucionario”.

Esto se debe a que ha contribuido a prácticamente eliminar en África la oncocercosis, también llamada “ceguera de los ríos”, una enfermedad que como su nombre lo indica, es una de las principales causas de ceguera en el continente.

La ivermectina también se usa a veces para tratar algunas otras infecciones por parásitos, infestación de piojos de la cabeza o del pubis, y sarna (afección cutánea que se caracteriza por prurito, causada por pequeños ácaros que viven debajo de la piel).

Pero ¿cómo es que un antiparasitario llegó a posicionarse como una alternativa al uso de vacunas que ya cuentan con ensayos clínicos?

Uso de la ivermectina para el COVID

A principios de abril de 2020, un par de meses después de que se anunciara que la pandemia, un grupo de investigadores australianos publicó en Antiviral Research una investigación en la que señalaban que la ivermectina podía inhibir la replicación del SARS-CoV-2 en cultivos celulares.

“La ivermectina justifica una mayor investigación sobre posibles beneficios en humanos”, detalló el equipo dirigido por Kylie Wagstaff, del Biomedicine Discovery Institute de la Universidad de Monash en Melbourne, Australia.

Un par de semanas después de esta publicación, el doctor Tarek Alam, del Bangladesh Medical College, compartió nuevos resultados sobre la relación entre la ivermectina y el COVID.

En un plazo de 4 a 14 días, Alam usó una combinación de ivermectina con un antibiótico llamado doxiciclina, y aseguró que “el 98% de sus pacientes con COVID-19 se curaron”.

Esta combinación de fármacos tuvo un éxito considerable no solo para reducir la carga viral de los pacientes, sino también para recortar la gravedad de los casos, según detalló Alam en una entrevista con TrialSite News.

Argentina es otro país donde se analizó la potencialidad de la ivermectina como antiviral en pacientes con COVID-19.

Para eso, se conformó un consorcio público-privado entre distintos  equipos de investigación médicos y veterinarios y universidades nacionales. Participaron el Centro de Investigación Veterinaria de Tandil (CIVETAN, CONICET-UNCPBA-CICPBA), el Instituto de Investigaciones de Enfermedades Tropicales de la Universidad Nacional de Salta , la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), la Unidad de Virología y Epidemiología Molecular del Hospital “Prof. Dr. Juan P. Garrahan” y el Laboratorio Elea Phoenix S.A., que también colaboró en la financiación del proyecto.

A finales de septiembre de 2020 informaron que la administración de ivermectina a dosis de 0,6 miligramos por kilo produce la eliminación más rápida y profunda del virus, siempre que el tratamiento inicie en etapas tempranas de la infección, es decir, hasta 5 días desde la aparición de los primeros síntomas.

Estos resultados se conocieron tras analizar a 45 pacientes con COVID-19 leve o moderado, entre los cuales 30 recibieron ivermectina.

Controversia sobre la ivermectina

Los estudios anteriores despertaron controversia en gran parte de la comunidad científica.

En el trabajo de Wagstaff la cantidad de ivermectina utilizada era 50 veces la dosis que comúnmente se utiliza para tratar a las personas, por lo que no es factible su implementación en ensayos clínicos, ya que podrían poner en riesgo a los pacientes.

En el caso de los hallazgos del doctor Alam,  el suministro de ivermectina entre sus pacientes no fue parte de un estudio controlado, y dado que un gran número de personas con COVID-19 se recuperan sin medicamentos, no se conoce la verdadera incidencia de la ivermectina en ese grupo.

Sobre la investigación de los especialistas argentinos en 45 pacientes, la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), dijo que los resultados son preliminares, no tiene publicación ni revisión por parte de sus pares y las dosis que se utilizaron superan hasta tres veces las medidas habituales.

También recordaron que la ivermectina no es una droga inocua y aún en dosis terapéuticas existe una gran probabilidad de que provoque efectos secundarios adversos, desde leves hasta graves.

Los expertos concluyen en que son necesarios estudios de mayor alcance para conocer los verdaderos efectos de la ivermectina en grupos poblacionales diversos con COVID-19.

Consejos de las autoridades sanitarias

Por lo general las personas no diferencian los resultados de una investigación in vitro (no en seres vivos) de otros que se obtienen en ensayos clínicos con humanos. Debido a esto y a la desesperación y angustia que causa la situación actual de la pandemia, muchas personas empezaron a promover el uso de ivermectina para prevenir o tratar el COVID-19, de boca a boca.

Esto representa un enorme problema dado que dificulta que se lleven adelante investigaciones formales. La automedicación de ivermectina así como de otras medicinas no autorizadas implica en muchos casos la administración de dosis poco o nada precisas, el uso incorrecto del medicamento, y una falta de seguimiento o registro de otros fármacos con los que se combina.

Además, en muchas regiones comenzó a haber desabastecimiento de la ivermectina, por lo que la gente optó por recurrir a la variante destinada al uso veterinario (Ivomec u otros).

La administración de alimentos y medicamentos de EE. UU. (FDA) señala que los efectos secundarios que pueden asociarse con la ivermectina son:

  • Diarrea.
  • Dolor estomacal.
  • Hepatitis.
  • Hinchazón, especialmente del rostro y las extremidades.
  • Náuseas y vómitos.
  • Mareos, confusión y convulsiones.
  • Sarpullido.
  • Hospitalización grave.

Actualmente, el uso de ivermectina en seres humanos solamente está aprobado para el tratamiento de algunos gusanos parásitos (estrongiloidiasis intestinal y oncocercosis) o para parásitos externos, como piojos y condiciones de la piel, como la rosácea. Siempre bajo recomendación y supervisión médica.

No existe ninguna autorización para usar la ivermectina de forma preventiva o como tratamiento contra la COVID-19.

Esto no significa, inequívocamente, que no tenga potencial para combatir el SARSCoV2, el virus que provoca la enfermedad de COVID. Pero por ahora los especialistas y las autoridades sanitarias insisten en que la evidencia disponible es dispar e insuficiente, tiene limitaciones, no permite elaborar conclusiones ni tampoco conocer los verdaderos riesgos de este medicamento.

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