Opinión

¡En política el tercer consecutivo es de mala suerte!

Por: Jesús M. Guerrero

Inicio este articulo con la siguiente frase de Carlos E. Ayes, cito: “Para algunos de los que aspiran a la Presidencia de la República de nuestro país, la palabra reelección resuena en sus tímpanos como campeones celestiales; posiblemente porque no saben de sus riesgos o no tienen verdadera convicción democrática.”

Con el pasar del tiempo, los ciudadanos que han ocupado la Presidencia de la República en su mayoría han buscado por medio de modificaciones constitucionales la perpetuación en el poder. Luego de la crisis postelectoral de 1994, la permanencia en el poder por medio de un tercer periodo consecutivo fue superada por medio del Pacto por la democracia; el cual fue la vía para la salida negociada del poder del Dr. Balaguer y con esto una nueva generación encabezada por el Dr. Leonel Fernández entró a la escena nacional.

¿Por qué decir que en política el tercer mandato consecutivo es de mala suerte?

Luego de decapitado el régimen que nos constriño por 31 años, cada vez que se ha tratado un tercer mandato consecutivo, se han desatado crisis institucionales. Por eso, la inclinación de muchos al afamado modelo norteamericano de dos periodos y nunca jamás. Aquí reside la importancia del vigésimo transitorio, para la preservación de la alternabilidad del poder. A la sazón de 1974, el extinto líder reformista, Balaguer, buscaba su tercer mandato consecutivo, el cual consiguió por medios represivos. La oposición disgregada, se aglutino en dos frentes, el Acuerdo de Santiago y el Bloque de la Dignidad, fue perseguida a tal punto que no concurrió a las elecciones generales y el “candidato opositor” fue el tristemente célebre Lajara Burgos. Balaguer obtuvo su tercer mandato consecutivo, para después ser desalojado del Palacio Nacional 4 años más tarde.

Nuevamente cito un fragmento del artículo titulado, REFLEXIONES HISTORICAS SOBRE LA REELECCIÓN PRESIDENCIAL autoría de Carlos E. Ayes: “La reelección es por sí misma el primer atentado contra la alternabilidad en el poder, principio básico de la democracia. Ahí donde se permite la reelección, se le niega a otro ciudadano el derecho a ser electo; pues, ¿qué político nuestro, estando en posesión del poder, perdería una reelección?, si sabemos que, aún y cuando la Constitución lo prohíbe, desde él, sobran quienes intentan quedarse, violando el juramento hecho ante la nación entera.” Por esto se puede decir que un tercer mandato consecutivo es una curva descendente, el desgate político es más evidente y el disgusto ciudadano por igual.

Luego de que el antiguo PRD, triunfó en las elecciones de 1978 con Don Antonio Guzmán a la cabeza, al vicepresidente Majluta finalizar el gobierno producto del deceso de Guzmán, asumió el poder Jorge Blanco, la reelección presidencial estaba prohibida en los estatutos partidarios hasta la intentona del 2004. Los dos gobiernos blancos, 8 años consecutivos se dieron al traste producto de las rencillas internas y quedaron cortos en las elecciones 1986 y el resto es historia. Como mencionamos con anterioridad, para 1994 la reelección en busca de un tercer mandato del Dr. Balaguer desató una crisis política, plagada de acusaciones de fraude electoral; la crisis se solucionó recortando ese mandato a 2 años, estableciendo el 50 más 1, la no reelección y otras modificaciones.

Es bastante evidente lo traumático de un tercer periodo de gobierno consecutivo en el país, la historia reciente es prueba fehaciente de esto. Como sostiene el constitucionalista Miguel Carbonell, cito: “La posibilidad de reelegir o no a los integrantes de los poderes públicos, es decir, la determinación de la temporalidad durante la que los funcionarios públicos electos por sufragio popular pueden permanecer en sus puestos, es una de las decisiones fundamentales de cualquier orden jurídicopolítico.” Por esto, se consagra la importancia de la vigésima disposición transitoria de la Ley Sustantiva.

Cito un fragmento del trabajo, La Reelección Presidencial Indefinida en América Latina de Mario D. Serrafero: “En el siglo XXI la reelección presidencial se ha extendido en sus diferentes versiones y tipos. En la década de los ochenta, los países que retornaban a la senda democrática seguían la consigna de la prohibición de reelección inmediata. Existía cierta asociación entre la reelección inmediata, la continuidad en el poder y la experiencia de los gobiernos militares que no fijaban plazos a su dominio. Algunos países mantenían la reelección no inmediata o alterna y otros eran aún más severos e imponían la prohibición absoluta de un nuevo turno en el poder.” Es por esto lo traumático de un tercer periodo consecutivo, porque es retroceder a épocas superadas. Donde el ejercicio del poder, era definido a la perfección con el Dictum de Acton.

La reelección presidencial no es un mal, por eso la importancia de emular, aunque en este caso preservar el modelo norteamericano que actualmente consagra nuestra Carta Magna, es evidente que 4 años de gobierno para una gran gestión son pocos y 8 años son suficientes; para con esto preservar el principio de alternabilidad democrática.

Otro fragmento del mismo trabajo de Serrafero, cito: “En los EE.UU. es cierto que el presidente tiene la oportunidad de obtener otro mandato de cuatro años, pero impera un sistema institucional de frenos y contrapesos –entre otros: el mayor peso del Senado, el papel activo de la Corte y la estructura federal–, que compensa el probable intento de acumulación excesiva de poder junto a otros elementos que operan en similar sentido: la existencia de sub-gobiernos dentro del aparato ejecutivo, el bipartidismo, la indisciplina partidaria.” Por la ausencia de estos contrapesos, es que se hace tan cuesta arriba concebir que un tercer mandato consecutivo no fuera en perjuicio de nuestras tan malogradas instituciones.

Concluyo con la siguiente frase de Cicerón, cito: “La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.”

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